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El arquero de River revive sus días de adolescente en Cutral Có, donde en pleno menemismo nació el movimiento piquetero. Conocedor de la historia de su pueblo, bendice la expropiación de YPF, y reivindica la lucha mapuche. Todo en un solo futbolista diferente.
> Por Nacho Catullo

Mario Daniel Vega es el arquero titular de River Plate. Con 28 años recién cumplidos, se para cada fin de semana de espaldas a los eufóricos hinchas e intenta que uno de los equipos más importantes del mundo vuelva a la Primera División del fútbol argentino. Una tarea difícil pero muy interesante.

Un jueves de mayo, minutos después de un entrenamiento matutino repleto de estrellas que cobran decenas de miles de pesos por mes y antes de enfrentarse a un puñado de curiosos que mueren por retratarse con sus ídolos, el Indio recibe a Mascaró en Ezeiza con la promesa de “hablar de cuestiones sociales”, mucho más allá del deporte que practica.

En lo que sin dudas es una excepción al común de los futbolistas, Vega quiso conocer hace un tiempo a una comunidad mapuche (Colipilli) que habita en el Departamento de Ñorquín, al norte de Neuquén, su provincia. “Terminé enganchándome con sus problemas”, relata el arquero nacido en Cutral Có el 3 de junio de 1984. “Cada vez que voy (con donaciones de ropa, entre otras necesidades de los aborígenes) me vuelvo lleno. Es muy lindo poder hablar con ellos, que luchan para poder conservar sus tierras y que viven en comunidad, trabajando duro, comiendo su producción y compartiéndolo todo. Pocos conocen su cultura y el Estado debería interesarse más en ellos”, cuenta desde una tribuna de cemento y le brillan los ojos. “Ya ni llanto les queda, pero con la pena que te cuentan sus problemas te conmueven”, agrega Vega, un tipo solidario.
¿De dónde surge tu iniciativa a la hora de ayudar, de comprometerte?
Mi viejo, Mario, siempre se ha relacionado con lo social en el pueblo (Cutral Có). Él fundó un comedor en el barrio para 250 personas que hoy todavía funciona. Además, de chico viví la privatización de YPF y eso me marcó.

Durante el gobierno menemista en la década del 90´, se sabe, fue privatizada hace 15 años una de las mayores industrias nacionales quedando en la calle miles de obreros. Y fue en Cutral Có, una pequeña ciudad de 35 mil habitante al este de Neuquén, donde a modo de protesta se cortaron las rutas y nació el movimiento piquetero.

“Ya pasaron muchos años de aquellos episodios tristes y violentos. La gente vivía muy bien por entonces. Mi familia no dependía económicamente del petróleo, pero casi todo el pueblo lo hacía y el golpe fue duro. Quedaron muchas personas en la calle”, repasa el ex Nueva Chicago.
¿Cómo te afecto personalmente el conflicto?
Vivimos momentos tensos. Nadie podía salir del pueblo, estaba cerrada la destilería. Muchos amigos y familiares estaban en los cortes y nosotros (Vega tenía 12 años) llevábamos comida al corte. Tratábamos de ayudar en lo que podíamos. Yo vivía a tres cuadras de la ruta y vi pasar a la Gendarmería antes de que reprimiese (el 12 de abril de 1997 murió Teresa Rodríguez, una empleada doméstica que protestaba en uno de los cortes). Recuerdo ver amigos corriendo, a mis padres desesperados intentando que yo no me escape para ver de cerca. Fue impactante. Gente tirando piedras, la policía disparando. No me olvido más, si hasta con mis amigos, una vez que estaba terminando el conflicto, habíamos preparado y escondido bombas molotov al costado de la ruta por si volvía la Gendarmería. Éramos chicos.

Nota completa en la edición impresa. MASCARÓ #2

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