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Los jugadores de fútbol muestran por primera vez en mucho tiempo un descontento con sus condiciones de trabajo y, en el caso del plantel de Colón, se animaron a una huelga por atraso en el cobro de sus salarios.  Las repercusiones en un mundo en el que la pelota es cada vez menos protagonista.

> Por Nacho Catullo

Hace rato que el fútbol argentino está en crisis. Y no sólo por la violencia en las canchas o por cómo se juega. Los clubes, aunque desde la creación del Fútbol para Todos repartan más equitativamente el dinero que antes, cuando la televisión privada otorgaba con claras diferencias hacia los grandes, atraviesan momentos económicos complicados.

El dueño de la pelota, Julio Grondona, presidente de la AFA (Asociación del Fútbol Argentino) está cansado y, el 19 de noviembre pasado, les aseguró a los dirigentes de las instituciones que no les prestará más dinero. La gota que rebalsó el vaso -Don Julio siempre se encarga de que parezca lleno por culpa de otros- fue la suspensión del partido que debían jugar por la 16ª fecha del Torneo Inicial Colón de Santa Fe y Atlético de Rafaela.

El Sabalero, según Grondona, será el último en recibir ayuda. Además, algunas versiones indican que les exigirán a los clubes un libre de deuda al 31 de diciembre, ya que el único que estaría en condiciones de contratar jugadores sería Boca Juniors.

El conflicto estalló cuando el plantel del conjunto santafecino decidió hacer huelga y no presentarse a jugar ante los rafaelinos. Los jugadores reclamaron deudas de hasta ocho meses y tras los incidentes que se ocasionaron por la cancelación del partido, el presidente de Colón, Germán Lerche, que se encontraba bajo licencia, renunció a su cargo.

En un deporte con sueldos altos e hinchadas populares, no es común que los futbolistas se animen a reclamar de esta manera. Suelen existir inhibiciones que se levantan fácilmente. Sin embargo, esta vez el plantel Sabalero fue más allá y quedó en la encrucijada con los fanáticos y socios, que los acusaron de traidores porque podrían perder puntos que lo comprometerán en la tabla de promedios.

Al Negro ya le quitaron seis unidades en el actual certamen por una exigencia de FIFA (Federación Internacional de Fútbol Asociados) ante una deuda de 600 mil dólares que Colón mantiene desde 2007 con Atlante de México por el volante central Juan Carlos Falcón. ¿Lerche no era Secretario de Selecciones y muy allegado a Grondona? Sí, pero pocas veces la expresión “le soltaron la mano” calzó tan justo como en este caso.

“Más de 600 cheques sin fondo y una deuda de diez millones de pesos”, dijo Sergio Marchi, secretario general de Futbolistas Argentinos Agremiados (FAA), a TyC Sports sobre la situación de Colón, que no es el único club con problemas.

Los planteles de Quilmes y All Boys también estuvieron en huelga durante este año. Lo del Cervecero se arrastra del Torneo Final. Sueldos, aguinaldos, premios. Las deudas, de todo tipo, obligaron al plantel a parar en abril, cuando los dirigía Omar De Felippe, hoy en Independiente.

Hubo acuerdo con Agremiados, pero ya con Nelson Vivas como DT, volvieron los inconvenientes. Lo más común es que los jugadores no se presenten a entrenar o no se concentren antes de los partidos, y eso sucedió con el Albo, que tomaron la medida a principios de noviembre, cansados de las promesas no cumplidas por parte del presidente Roberto Bugallo.

Pero esta clásica modalidad de protesta de los trabajadores, poco usual en el fútbol, se ha extendido a lo largo y a lo ancho del globo. Los jugadores comienzan a perder el temor de ser juzgados y reclaman. Todos tienen el derecho, aunque los salarios en algunas ligas, equipos específicos y casos puntuales, son tan altos que a veces son inentendibles para el hincha y se crea una polémica indefinida: ¿los que cobran mucho se solidarizan con los que cobran poco o lo hacen por avaricia? Por más millones que se ganen, ¿no hay derecho a cobrar lo pautado? ¿Y si cambia la legislación?

La liga francesa está actualmente en conflicto porque el presidente galo François Hollande decretó un impuesto extraordinario y temporal -conocido como contribución de solidaridad- del 75 por ciento a los salarios anuales mayores a un millón de euros. Pensado para las personas y luego aplicado a las empresas, fue rechazado de plano por Jean-Pierre Louvel, presidente de la Unión Profesional de Clubes de Fútbol (UCPF) de Francia y del Le Havre, de Segunda División.

“El impuesto supone la muerte del fútbol francés”, dijo Louvel y convocó a una huelga -algo que no sucede hace 40 años- para finales de noviembre que luego fue cancelada, aunque no se descarta que finalmente se realice más adelante si las negociaciones con el gobierno no prosperan. Tanto la Liga Profesional de Fútbol (LFP) como los sindicatos de jugadores y directores técnicos habían apoyado la protesta, que tiene más tintes de resguardos patronales y gananciales que de reivindicaciones laborales.

El sitio web del semanario Le Nouvel Observateur – http://tempsreel.nouvelobs.com/-publicó que el impuesto representaría una suma de 44 millones de euros a pagar por 14 clubes de Primera División que cuentan en sus planteles con 120 jugadores cuyos salarios anuales superan el millón de euros.

Por otro lado, en Brasil, los jugadores protestan en contra del calendario. El Brasileirao, torneo largo de 38 fechas que se disputa en aproximadamente seis meses y comienza a mitad de año -antes se juegan los estaduales, con fecha de inicio para el 12 de enero próximo-, está en tela de juicio: los futbolistas pretenden más descanso entre los partidos y que se cumplan los 30 días de vacaciones.

La huelga de 30 segundos -realizada en el comienzo de los encuentros durante dos fines de semana de noviembre- se realiza pensando en la próxima temporada, ya que por el Mundial el esquema del torneo se verá afectado y será aún más estricto para los deportistas.

En casi todos los estadios de Primera División, los jugadores se quedaron con los brazos cruzados durante unos instantes para hacer notar su reclamo. Como hubo amenazas de sanciones, en la siguiente jornada se pasaron la pelota durante un minuto sin avanzar en el terreno de juego.

“Esto tiene un significado mayor del que se imaginan. Estamos aquí y somos socios. Defendemos algo importante para todo el mundo. Para los árbitros, los jugadores, incluso para los periodistas”, dijo Rogério Ceni, experimentado arquero del San Pablo.

La medida, que contó con la iniciativa de la Federación Nacional de Atletas de Fútbol Profesional (Fenapaf), sería repetida en diciembre, cuando se disputen las últimas fechas del torneo que ya consagró a Cruzeiro de Belo Horizonte como campeón.

El presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), José María Marín, consideró la huelga como un “desprecio al público”. Los intereses de la cadena televisiva Globo se vieron afectados y eso hizo enojar aún más a los poderosos que manejan y diagraman uno de los torneos más competitivos e interesantes del mundo.

Por último, los conflictos llegaron a Colombia. Los jugadores del Deportivo Pasto, equipo que ganó su único campeonato de Primera División en 2006, se negaron a entrenar por falta de pago más de una vez en el actual semestre.

Las consecuencias fueron nefastas. El club despidió a cuatro jugadores -Julián Lalinde, Fram Pacheco, Marlon Piedrahita y David González- acusados de motivar el paro del plantel y se los comunicó mediante una carta.

Los futbolistas comenzaron a asesorarse con Acolfutpro (Asociación Colombiana de Futbolistas Profesionales) y declararon a futbolred.com. “Las medidas se tomaron contra nosotros por ser los voceros del equipo. Nos sentimos decepcionados por la falta de apoyo del cuerpo técnico y sobre todo de nuestros compañeros”, dijo uno de los despedidos que prefirió mantenerse en el anonimato. Por su parte, Fram Pacheco, expresó: “Acá nos quieren hacer quedar mal a nosotros, lo que hicimos fue lo correcto y sólo reclamamos los dineros que estaban acordados con los dirigentes del club”.

Mientras todo esto sucedía, el presidente del club, Iván Erazo, que había prometido pagar y no cumplió, se encontraba en Holanda como miembro de la delegación de la Selección Colombia, que disputó en Ámsterdam amistosos ante los locales y los belgas.

Por lo visto, los jugadores alrededor del mundo comienzan a plantear sus derechos y eso ya hace transpirar a más de uno dentro del ambiente del fútbol, sobre todo de los que a la hora de los partidos saben que siempre ganarán sin siquiera desprenderse la corbata.

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