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El genocida más famoso de la historia argentina reciente murió tres días después de negarse a declarar en el juicio por el Plan Cóndor. Nada para festejar, entonces. El tipo se fue con mucha información en la causa que revela la raíz de la “doctrina del shock” en América Latina.

Estas últimas semanas, la noticia del debate en Brasil para derogar (o, al menos, modificar) la ley de amnistía de 1979 nos acerca a la repetición de una fase de lucha por los derechos humanos y a recobrar la verdad de la historia que en Argentina hemos vivido en estos últimos años. Por otra parte, implica un llamado de atención a los cómplices civiles, al igual que en toda la región.

La Comisión de la Verdad encabeza y centraliza las intenciones, anunciando un documento final. Desde la Presidencia, se decidió postergar la etapa de elaboración para mayo del año próximo. En el 2014, llega el mundial. La última noticia que los medios masivos pusieron en tapa sobre el deporte brasileño fue la renuncia del presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Ricardo Terra Teixeira, tras 23 años al mando. Lo sucedió un abogado con fuerte peso político en el país vecino. José María Marín fue gobernador del Estado de São Paulo por el partido militar Arena, en plena dictadura, aunque apenas duró un año.

Las organizaciones de Derechos Humanos lo acusan de ser secuestrador, responsable de asesinatos y cómplice del torturador Sérgio Fleury, quien se dedicó a perseguir a los opositores al régimen dictatorial y sacarlos de la escena. Como se puede ver, el pasado de Marín es incluso más fuerte que el de nuestro homólogo en la AFA, Julio Humberto Grondona, quien está señalado como uno de los tantos civiles o representantes de instituciones (cabe aclarar que llegó a la AFA en 1979) que “dieron una mano” a la última dictadura argentina.

La relación del ex Gobernador de facto con la presidenta Dilma Rousseff prácticamente no existe. Hace poco tiempo salió a la luz una foto que ilustra lo que muchos sufrieron en nuestra región: vivir en cautiverio, como apenas un punto de partida. Dilma también fue víctima, por militar, por resistir. Su postura actual sube un escalón a lo que fue la presidencia de Lula Da Silva, y así decidió crear la Comisión de la Verdad.

Según cuenta el periodista Juca Kfouri citado por Fernández Moores, Marín denunció en 1975 infiltración comunista en el Parlamento, y dos semanas después el periodista Vladimir Herzog (Canal 2, del Estado) fue torturado y asesinado. La investigación sobre Marín también va desde el descubrimiento de préstamos sospechosos en un banco federal hasta un episodio particular en el que las cámaras de televisión lo “engancharon” robándose una medalla en un campeonato juvenil.

Sobre el asesinato de Herzog, negó rotundamente haber formado parte y respondió una vez más con frases insólitas: “Soy conocido por la armonía y conciliación”. Ivo, presidente del Instituto que lleva el nombre de su padre, le dio un sopapo a la realidad de los derechos humanos en Brasil, que por ahora está despertando de la siesta, y es acorde a la época que se vive en el país carioca:

“(Marín) apoyó el movimiento que llevó a la tortura, muerte y desaparición de cientos de brasileños. El caso más notorio es el del periodista Vladimir Herzog. Si la justicia no puede procesar a estas personas debido a una amnistía, no podemos permitir que Marín viva la gloria de estar a la cabeza del evento más grande de nuestra historia”.

Todavía hay tiempo.

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