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La avanzada del Estado de Israel sobre Palestina no termina en las bombas ni en la invasión militar, sino que forma parte de un sistemático ataque a la cultura, la educación, al deporte. El fútbol, como siempre tiene una historia para contar.

El 16 de julio de 2014, tres días después de la consagración de Alemania en el Mundial de Brasil, cuatro niños palestinos fueron asesinados por la Marina israelí mientras jugaban al fútbol en una playa de Gaza. Los cuatro niños, miembros de la familia Bakr, jugaban un picado de 6 contra 6. Los demás resultaron heridos. Hacía una semana que Palestina recibía bombazos pero los pibes salieron a jugar igual, porque les gusta jugar a la pelota. Pero no, a Israel tampoco le gusta que los niños palestinos sean niños ni que jueguen a la pelota.

A principios de este año un grupo de niños palestinos le envió una carta al secretario general de la Organización de Naciones Unidas (ONU), Ban Ki-Moon, para solicitar su ayuda en la recuperación de un balón de fútbol que cayó sobre territorio palestino controlado por Israel. Sucedió en la la localidad cisjordana de Kafer Sur, en el distrito de Tulkarem, cuando un grupo de niños jugaba al fútbol, y uno de ellos rechazó lo suficientemente fuerte como para que la pelota fuera a parar al otro lado del muro que Israel levantó para marcar la frontera en una aldea que desde hace al menos siete siglos fue habitada por árabes. Los soldados hebreos contestaron a los niños que la pelota había sido confiscada. Se desconoce si la ONU se expidió sobre este caso. Se sabe que la ONU declaró ilegal la construcción del muro que Israel no deja de construir desde 2002.

El joven futbolista Mohammad al-Qatari fue asesinado a tiros por las fuerzas israelíes el viernes 15 de agosto en Cisjordania, mientras participaba de una manifestación contra los ataques en la Franja de Gaza. Mohammad tenía 20 años, vivía en una carpa en el campo de refugiados Al Amari y era una de las promesas del fútbol palestino.

No jugarás

En los tiempos en que Israel no bombardea a los palestinos, trata de hacerles la vida lo más tediosa e insostenible que puede. En ese plan, también se busca obstaculizar las prácticas culturales, educativas, deportivas. El caso del ataque sobre la organización del fútbol es clara y evidente.

Aunque la Asociación Palestina de Fútbol fue fundada en 1928 al igual que la de Israel, recién en 1998 la organización se afilió a la FIFA. En octubre de 2013, la FIFA giró la circular 1385, mediante la cual se comprometía a mejorar las condiciones del fútbol palestino. Pero no ha sido fácil ponerla en práctica.

Durante esta nueva ofensiva sionista, iniciada a principios de julio de este año, varios bombazos cayeron sobre estadios o campos de juego.

Pero no es nuevo. De hecho, bajo una Ley que alega “razones de seguridad” se bloquearon permisos en la última década, para la construcción de canchas de fútbol.

En términos de lo deportivo, el equipo nacional de Palestina conjuga futbolistas de Gaza y de Cisjordania, pero juntarse a entrenar no es nada fácil, ya que los israelíes casi nunca les dan los permisos para moverse de una zona a la otra. El caso emblemático es el del jugador Mahmoud Sarsak, quien fuera encarcelado sin un juicio previo cuando estaba en camino de Gaza a Cisjordania para encontrarse con su seleccionado. Sarsak permaneció en la cárcel por 3 años y fue liberado en julio de 2012, luego de sostener una huelga de hambre de tres meses.

Del mismo modo, las autoridades de la ocupación israelí trabajan de un modo activo con el propósito de evitar que las naciones extranjeras manden sus delegaciones de fútbol a Palestina, limitando el intercambio por medios políticos. Suelen prolongar el proceso de obtener un permiso para las delegaciones deportistas del extranjero. A menudo, los solicitantes han de esperar desde 3 días a 3 meses para viajar a Palestina. En 2009, tanto el Flamengo como el Corinthians de Brasil tenían pautado jugar en Palestina, pero Israel puso la cláusula de que sólo les habilitaría el paso si aceptaban otros partidos con el equipo hebreo. Presiones políticas de los ejecutivos de Zambia y otros países africanos hicieron que se cancelaran otros amistosos previstos.

Las trabas son incontables. Por ejemplo se obstruyen las importaciones de donaciones para el desarrollo del Fútbol. En 2008, un cargamento de ropa, equipamiento y pelotas enviado por la empresa Adidas fue destruido.

La lista podría seguir. A principios del siglo XX, el combinado palestino corría con los mismos pesares que debe afrontar en esta época. La solución que buscó la Asociación Palestina de Fútbol fue componer una selección con jugadores de sangre palestina que estuvieran exiliados por el mundo.

Así, en las selecciones de palestina se han descatado jugadores latinoamericanos, sobre todo chilenos. El país trasandino tiene la colectividad más grande de palestinos, con casi 400 mil árabes que llegaron al país huyendo de las masacres del Imperio Otomano a principios del Siglo XX y continuaron la emigración con el terrorismo invasor israelí a partir de 1948.

En el 2002, el palestino nacionalizado chileno Nicola Hadwa Shahwan asumió la dirección técnica del seleccionado. Hadwa, quien luego dejaría el cargo, incorporó a los chilenos Roberto Bishara, Francisco Alam, Roberto Kettlun y al argentino, ex Rosario Central, Millonarios de Colombia y Cobreloa, Pablo Abdala.

El capitán del elenco árabe era por esos días Roberto “tito” Bishara, quien también llevaba la cinta en el gran Deportivo Palestino de Osorno.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #25 de Septiembre 2014.

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