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Mascaró explora las corrientes del cine de terror nacional de la mano de Guillermo Martínez de Vindicta Films y Germán Magariños de Gorevisión. Cuál es la particularidad del género en Argentina, los límites entre lo fantasmagórico y lo bizarro y la mujer en el centro del acecho.

> Por  Bárbara Corneli

En el reciente estreno de la película Hitchcock, Anthony Hopkins encarna al director de cine que fundó un modo de hacer películas de terror y suspenso, y desnuda su intrínseco impulso voyeur. Más que el director, el hombre quiere ver y quiere mostrar un poco más. Salirse de la metáfora hacia lo explícito. Descubre entonces que no es sólo suya la obsesión: los espectadores gritan y se alarman, pero tampoco pueden dejar de mirar.

Si bien Alfred Hitchcock nunca mostró el cuchillo hundiéndose en la carne de Janet Leigh en Psicosis, en esa transgresión abrió una puerta. “Mas allá de que lo que se ve no son cosas agradables, al público promedio le llama la atención eso de sentirse ajeno de aquello que está viendo en pantalla. Es psicológico, decir mirá lo que está pasando, lo que estoy viendo y yo estoy acá sentada viéndolo. Se genera esa contradicción de decir tengo miedo, no lo veo, me doy vuelta, me descompone y a la vez, esa intriga de saber qué es lo que pasa, cómo se va a mostrar o si es real o verosímil”. Guillermo Martínez que, con apenas 23 años está terminando de editar su primer largometraje Cuando tu carne grite basta que espera estrenar a mediados de este año, dice que todos tenemos el morbo de conocer y presenciar algo de lo que simultáneamente podamos sentirnos a salvo.

El director que empezó a filmar a los 19 años y que trabajó bajo el ala de Adrián García Bogliano en Sudor Frío, película que resignificó la producción de terror nacional, prefiere “trabajar lo más cercano a la realidad posible, que uno se crea lo que está viendo. Siempre me interesó estudiar e investigar acerca de asesinos reales argentinos e internacionales, tratar de meterme en la mente de estos personajes y a partir de ahí tratar de moldear los personajes que estén más cerca de lo real, un personaje que puedas encontrar a la vuelta de tu casa y no algo más lejano como puede ser  un zombi o un extraterrestre”.

Por otro lado, Germán Magariños de la productora Gorevisión Films dice no ser “un gran fanático del realismo, creo que para realismo y drama, está la vida misma. Yo prefiero más lo que llaman “bizarro” o fantasioso o absurdo”. Desde el subgénero gore, se busca “mostrar lo más explícito en cuanto a desmembramientos, tripas y sangre” y Magariños plantea entonces la paradoja que existe frente a las producciones de terror que explotan la escenificación de lo visceral que “muchas veces es condenado por una sociedad hipócrita que glorifica y consume violencia permanentemente en noticieros, pero señala con un dedo a este tipo de películas”.

No está tan alejado de la actualidad lo que Guillermo Martínez analiza en cuanto a que “por las propuestas que nos llegan de afuera y el momento histórico en que nos encontramos, lo explícito se consume y es lo que más entretiene hoy en día, al menos en las propuestas cinematográficas que tienen que ver con el terror”.

Lo terrorífico no quita lo bizarro

Según Germán Magariños, la exageración en el “regodeo del director, la sobreactuación o los efectos especiales (FX)  pueden hacer que una cosa pase de realista a bizarro”. Según Guillermo Martínez, en cambio,  hay una relación directa entre el dinero que tengas para hacer una película y la posibilidad de despegar de lo bizarro hacia lo verosímil, aunque “el género bizarro o Z es un género propiamente dicho y hay gente que con plata o sin plata igual lo hace porque le divierte, le llama la atención desde la estética, donde los zombis o la gente está maquillada con lápiz de color, pero está hecho de gusto, no porque les falte plata. Es un género pochoclero, para reírse”.

En Argentina, un antecedente de lo bizarro lo implanta Plaga Zombie, la película de FARSA Producciones, estrenada en 1997. Para Martínez, “a partir de ahí  se empezó a gestar una movida autóctona muy interesante con zombies bien argentinos, como parte de uno de los géneros que despierta más fanatismo”, que ha generado entre otras cosas eventos tales como la marcha de zombies desatada en torno al festival de cine Buenos Aires Rojo Sangre en noviembre, donde una cantidad de fanáticos del género se largan a las calles a deambular cual muertos vivos.

 

Nota completa en edición impresa. Mascaró #10, abril 2013.

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