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La banda platense cumple diez años subiendo a escenarios, pintando paredes y andando a su ritmo de vida, que es el de los músicos independientes. Sr. Tomate, una marca del rock post 2001, allá en la tierra de las diagonales.
Cuando se anda por La Plata, en una pared de una diagonal, en esas calles por las que pasan los micros o en algún barrio, siempre hay una pintada de Sr. Tomate. Hay murales y grafitis, hay tachones sobre pintadas más viejas que denotan una historia en la banda, pero ahí están, los Sr. T (así con la T bien grande) son una marca. De vez en cuando, algún pasacalle anuncia una fecha de recital. A veces, hay que recurrir a un almanaque, porque la publicidad suele perdurar y entonces, cuando dice “Sr. Tomate, sábado 25 en El Bochín”, hay que fijarse si este mes cae 25 un sábado porque puede que haya pasado hace rato, y aún así el pasacalle esté, deshilachado, ahí en pleno centro de la ciudad.

Shaman, guitarrista de la banda, aclara por las dudas que no tienen ningún arreglo con las cuadrillas de Control Urbano. “Lo colgamos alto”, dice Poli.

Sr. Tomate cumple diez años de andar tocando y haciendo las canciones y las pintadas y los pasacalles que siempre quisieron hacer. Su nombre termina siendo citado cada vez que algún medio nacional menciona al “rock platense” como fenómeno, y enseguida se habla de ellos como referentes de las novedades que siguen apareciendo en la ciudad de las diagonales.

Sin embargo, Sr. Tomate no se deja definir tan fácil dentro de un género. “Somos una banda que hace canciones”, dice Poli (Natalia Politano), sin engancharse en los diferentes rótulos (como por ejemplo ese que los cataloga de FolkRock-Psicótico) que se le ha querido poner a la banda que lidera y comparte con Edu Morote en batería, Alejandro Bértora en un montón de instrumentos, Shaman en guitarra eléctrica, Marcelo Montaño en bajo y Piter en coros y armónica.

“Si vos decís que sos una banda que hace canciones, te preguntan `¿pero qué tipo de canciones?´ Porque el mundo se basa en eso, en etiquetas, la cultura se basa en eso. Pero la canción por sí misma es un formato, ella sola ya tiene su peso, su poesía, su melodía y sus arreglos. Bueno, nosotros hacemos canciones”.

“No lo mires con los ojos que ya usaste”

Según los tomates, eso de hablar del rock platense como una categoría tampoco es tan fácil. Es que la característica singular parece ser la diferencia. Y tal vez sea así, porque más allá del lugar que los contiene, poco tienen que ver Él Mató a un Policía Motorizado, con Orquesta de Perros y éstos con Mostruo, o Norma con Don Lunfardo, Crema del Cielo, el Perrodiablo con los 107 Faunos, o Miro y su Fabulosa Orquesta de Juguete y Villa Elisa, aunque la mayoría de los fines de semana uno pueda encontrarse a estas bandas compartiendo escenario.

“Creo que una característica que tiene el rock de La Plata es que en su mayoría las bandas están conformadas por gente de muchos lugares, gente joven. En nuestra banda, solo Edu es de acá, el resto somos del interior y vinimos a encontrarnos acá. Tal vez eso hace que sea tan heterogéneo. De esa variedad sí o sí tienen que salir cosas interesantes. Ese encuentro también pasa entre las bandas”, dice el bajista Montaño, y Alejandro Bértola completa: “la característica común es esta multiplicidad y diferencia”.

Shaman (quien también integra la banda Shaman y los Hombres en Llamas) observa que “tuvimos la suerte de coincidir con un momento histórico, como lo puede haber sido el Chicago que dio lugar al blues o la movida de Manchester, a nosotros nos agarró la movida acá en La Plata y tuvimos la suerte de encontrarnos”.

Puestas las cosas así, no parece forzado mirar alrededor, recordar el contexto y preguntarse si estas expresiones culturales no tienen un correlato con el estallido de 2001 que tanto movilizó a la juventud argentina.

“No es que después del 2001 nosotros dijimos vamos a hacer una banda, pero indudablemente cuando uno vive una gran crisis, necesita gritar un poco, y si encima estás en una ciudad donde el aspecto cultural, social, político es muy fuerte, van a suceder cosas. Entonces, si tenés una idea fija en la cabeza, algo vas a hacer y va a surgir algo nuevo”, dice Poli.

En la misma línea continúa Alejandro Bértola: “Lo que quedó a nivel cultural no creo que tenga que ver con la herencia de las asambleas, pero a lo mejor sí quedó eso de que uno tiene que salir a moverse. Las recetas no funcionaron ni van a funcionar, entonces uno no va a esperar que venga una discográfica, sino que graba de la mejor manera que puede con los pocos recursos que cuente, pero se hace”.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #12, junio 2013.

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