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> Por Luciano Aguirre

Zig Zag es el colectivo de gestores culturales que impulsó el “Encuentro Latinoamericano Zig Zag”, un evento artístico multidisciplinario que tuvo lugar en distintos puntos de la capital bonaerense durante el fin de semana del antiguo (y afortunadamente defenestrado) día de la raza. Fueron tres jornadas de intensa producción y reflexión alrededor del concepto del arte urbano.

El “street art” o arte callejero, se ha transformado en los últimos años en la vedette de las formas expresivas de la juventud en buena parte del mundo occidental. Las protestas se multiplican en el mundo, la organización de los disconformes crece con ellas, y el arte se posiciona cada vez más en el centro de la escena en disputa: simbólicamente, hoy impacta más (y mejor) una perfomance teatral en plena movilización, que el incendio de un cajero automático. La furia organizada y puesta al servicio de la lucha constructiva aporta infinitamente más que los vidrios rotos, reemplazados al día siguiente por los obreros que el manifestante intentó defender con su acción.
Cinismo del capital, que exige más rebeldía e ingenio.

Escena 1. Mediados de septiembre, asamblea interna del Zig Zag luego de los pre-eventos preparatorios para el gran encuentro de octubre. Las sensaciones son encontradas, las conclusiones, desparejas. Por un lado hubo una masiva participación de los artistas, quienes con gran predisposición se brindaron enteros y produjeron una gran cantidad de obras que fueron “subastadas” entre el público presente. Bien ahí. Por otro, muchos de ellos se fueron tristes y hasta enojados por cierto destrato, fruto de la superposición de actividades. Fallas en el sonido de las bandas, algunos problemas en la cocina y muy poca recaudación. La difusión tampoco fue buena. Un compañero dice “gente, esto es la construcción colectiva”. Adherimos. No todas son rosas cuando se edifica desde abajo. O mejor: la rosa también trae espinas, y no por eso dejamos de admirar su aroma y color. Habrá revancha, en octubre.

Viernes 12 por la noche. Pedaleo fuerte sobre la endiablada diagonal 73 entre la marea de bólidos. Agitado, desciendo de mi móvil y pido disculpas a los compañeros que me esperan en la puerta de la Alborada. Se percibe una ebullición especial, está por empezar el Zig Zag.

¡Largamos! Un compañero presenta la cuestión ayudado por un power point. Unos cien asistentes observan y escuchan con suma atención. Nos dividimos en grupos a través de insignias de colores repartidas a la entrada. Es la hora de escucharnos y mirarnos.

Me toca coordinar uno de los círculos. Hay gente de varios lugares de Argentina, pero también los hay de Chile y Colombia. De pronto nos encontramos debatiendo que es el arte, que es ser artista. Pavada de temas. Para algunos es simplemente expresarse, aunque otros replican que “expresar nos expresamos todos, y no por eso todo el mundo es artista”. Se habla también del arte como exteriorización de sentimientos personales ligados a los deseos o estados de ánimo, lo que provoca la airada participación de otros que le exigen al acto un necesario compromiso social o político. “Que sirva para voltear al sistema”. En esa asentimos todos.

Nos reunimos en un gran círculo dialéctico que no persigue terminologías concluyentes, puntos aparte o fraseologías grandilocuentes. Hablan los notarios, colaboran los coordinadores, opinamos todos. Cerramos con un aplauso de felicidad. La primer jornada ha sido muy fructífera.
Escena 2. Viernes 12, cerca de la medianoche, cocina de Alborada. Afuera (en el patio), la banda mete presión para escuchar unos temitas. Traslado la onda al grupo, algunos se copan y hasta se ofrecen para ayudar a traer los equipos desde el hall central. Loli Acra me fusila con la mirada y lo confirma con la lengua: “Lucho es tarde ya, y si les ponés música no se van más. Me levanté a las 6 y mañana tenemos un dia muy largo…”. Tiene razón. Abandono la idea y vuelvo al patio a disfrutar del último rato de comunión.

Y ahí pasa la magia. Sin pedir permiso, algunos comienzan a batir palmas y a tirar agite. Entre paraguayos, brasileños, chilenos y argentos…

Nota completa en edición impresa. Mascaró #7, noviembre 2012.

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