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A 50 años de su desaparición en la selva salteña, una recuperación histórica del periodista fundador de Prensa Latina y comandante de la primera guerrilla guevarista de Argentina.

Primer acto. La hazaña en Sierra Maestra

“Aquí Sierra Maestra, es este un reportaje exclusivo realizado para el servicio noticioso de Radio El Mundo de Buenos Aires directamente desde las montañas de Oriente, República de Cuba”, estalla en los parlantes la voz del periodista Jorge Ricardo Masetti, enviado especial al escenario de una revolución que florecía de la mano de un grupo de rebeldes que perseguían la ilusión de derrocar a un tirano y de cambiar, de una vez y para siempre, el destino de millones de compatriotas.

–Dr. Guevara, ¿por qué está aquí, luchando en Cuba?–, se escuchó entonces aquella misma voz, ahora inquisidora, ahora curiosa.

–Estoy aquí, sencillamente, porque considero que la única forma de liberar a América de los dictadores es derribándolos. Ayudando a su caída de cualquier forma. Y cuanto más directa, mejor–, respondía la voz de un tal Ernesto Guevara.

Para Masetti, la entrevista con el Che Guevara en plena sierra era la culminación de una proeza personal, la mayor hazaña individual del periodismo argentino, definida en esos términos años después por Rodolfo Walsh. Para el joven periodista nacido en Avellaneda 29 años atrás, que acostumbraba a asistir a misa los domingos, que escribía cuentos y obras de teatro y que cantaba tangos en una orquesta, era también el epílogo de una riesgosa aventura que lo había llevado a abandonar la comodidad de Buenos Aires en busca de respuestas: “Confieso que salí lleno de dudas. Mi opinión sobre Batista estaba formada, por supuesto. Pero había que averiguar quiénes eran los que trataban de voltearlo y a qué intereses respondían”, relató después en su libro Los que luchan y los que lloran. Esa decisión por conocer la verdad lo impulsó a emprender una odisea única, a eludir la vigilancia del ejército de Batista, a buscar contactos que lo trasladaran a la sierra en medio de una represión feroz, a caminar cinco días entre las montañas en busca de una entrevista que nadie creía posible. Pero por el camino, Masetti conoció otra historia, la del pueblo cubano. “Llegué por fin al campamento de Guevara quien, al verme empapado y embarrado, se echó a reír”, detalló. Esa extensa charla con el Che marcó el punto de partida de una amistad que no se rompería nunca.

En la sierra, Masetti ya era otro. “Me sentía frío, ridículo, cumpliendo mi misión de periodista. ¿Qué hacía yo ahí, con la lapicera en la mano, en lugar de estar apretando el gatillo de una ametralladora?”, se preguntaba. Pero había que volver. Había que derramar en todo el mundo esas voces encerradas en un grabador, y llevarse para siempre la voz de Fidel, que lo despidió emocionado: “Adiós, che Masetti. Pero me parece que nos vamos a encontrar otra vez”, auguró el líder rebelde.

Ya en el avión, respiró aliviado. Traía consigo, ocultas entre su ropa, las cintas de las entrevistas y más oculto aún, el recuerdo de una revolución que comenzaba a imponer su fortaleza. Pero algo lo angustiaba en ese momento, en plena huída. Entonces escribió: “La Habana se fue quedando abajo, atrás, pequeña, con sus rascacielos y su cimbreante malecón. Creí que una vez fuera de ella, sin policías secretos, ni chivatos ni agentes del FBI debajo de las alfombras, me sentiría alegre, satisfecho. Pero no era así. (…) Ahí quedaba el ejército de niños hombres que celebraban a gritos y carcajadas la llegada de un fusil o una ametralladora.; Cayo Espino con su chico muerto y sus casas agujereadas; El Dorado, con Guillermo revolcándose en el suelo calculando la última bala; los aviones plateados que en giros hermosos regaban metralla; el Che Guevara con su pipa mezclada en la eterna sonrisa; Fidel Castro con su cuerpo enorme y su voz de niño afónico…  Y encontré dentro de mí esa extraña, indefinible sensación de que desertaba”.

Segundo acto. La victoria de Prensa Latina

Para cuando el calor agobiante recibe a Rodolfo Walsh en La Habana, Prensa Latina ya es algo más que un proyecto en marcha. Es una realidad asombrosa. A partir del trabajo incansable de Masetti, aquello que se asemejaba más a un sueño daba sus primeros pasos. “Las dos cualidades esenciales del periodista que trabaja en una agencia informativa son exactitud y rapidez”, escribe Masetti en el primer boletín interno de la agencia que lleva su firma. El carácter didáctico de los primeros comunicados de Masetti descansaba en una razón lógica: la redacción estaba compuesta por jóvenes periodistas cubanos, sin ninguna experiencia en el trabajo de agencia. Con este panorama se enfrentó Masetti a principios de 1959, y en este escenario desembarca Rodolfo Walsh meses después.

Prensa Latina ya era una realidad, mérito de Masetti, que siempre repetía “hay que ser objetivos, pero no imparciales” y no sesgaba en su afán de instalar a la agencia entre las más importantes del planeta.

Con el tiempo, Prensa Latina alcanza una importancia clave dentro de la estructura política cubana. No es sólo una agencia de noticias eficaz, es también un lugar de influencia política decisivo dirigido por un hombre de confianza del Che. De hecho, las visitas de Guevara a la redacción se hacen cada vez más frecuentes y siempre terminan de la misma manera: con una reunión a puertas cerradas con Masetti, mate de por medio y con algún tanguito sonando entre la penumbra de la oficina.

De aquellos diálogos entre el Che y Masetti no hay testigos, pero no quedan dudas que uno de los temas allí discutidos era la expansión de la revolución en el sur del continente.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #20 de Abril 2014.

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