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> Por Mariano Cejas
En los puestos de la Feria del Libro Independiente y Autogestiva se pueden encontrar obras ajenas al circuito comercial clásico. Los autores encuentran en ella un lugar donde exponer y dar a conocer su nombre, y donde relacionarse con los lectores.
Hay libros que parecen haber sido escrito con las frases justas. Como si el autor hubiera encontrado una fórmula mágica, secreta, para construir belleza utilizando las mismas palabras que todos los demás utilizan a diario. Cada uno tiene para sí un par de títulos y autores: algunos los encuentran en Conti, Bolaño, Hemingway, otros en Joyce, Borges, Cortázar; la lista es interminable. Para cada lector hay un escritor capaz de conmoverlo como ningún otro lo hará.

Las letras

Tal vez sobre alguno de los tablones se encuentren varios de esos libros. La oferta es variada y amplia, y los matices también.  Uno al lado del otro, sin distinción ni clases, desfilan libros de historia, infantiles, novelas de todo tipo, cuentos, reseñas. Un sinnúmero de temas, puntos de vista y estilos que generan una anarquía literaria.

La gente desfila y ojea ante encuadernaciones hechas a mano o cartón a veces, en blanco y negro otras,  más profesionales en su mayoría. Se detienen ante los  puestos y dialogan con el autor. Buscan tener suerte y encontrar ese libro que les cierre más que otros, el que pareciera haber sido escrito para ellos. Pero el camino que hizo la obra para llegar desde la pluma de uno hasta los ojos del otro, es algo más complicado.

“Hoy las grandes editoriales tienen distintos tipos de fórmulas para decidir qué libro se va a vender y cuál no. Si el tema está de moda o no, si el escritor es conocido, si lo que dice puede causar algún impacto, y una sarta de factores más. La calidad de lo que escribe es uno más entre tantos, y muchas veces de los menos importantes. No importa que escribas como los dioses sino que escribas algo que venda”, explica el escritor Roberto Cuasinuovo.

Roberto escribió tres libros, para él grandiosos, que ninguna editorial reconocida se dignó ni siquiera a ojear. Usa anteojos, barba larga, pelo roído, parece que busca peinarse y verse como un escritor debería verse. Convencido del gran destino que lo esperaba, decidió editarlo por una editorial independiente. Pero, ¿y después?. ¿Cómo distribuye un escritor su propio material? ¿golpea puerta por puerta de librerías, llama a diarios y programas especializados, lo promueve entre los amigos?. Roberto se preguntaba esto parado ante las cajas llenas de sus obras recién impresas, qué hacer a continuación. Es ahí, en principio, donde aparece la Feria del Libro Independiente y Autogestiva, la FLIA.

 

En sí y para sí

Contra es de oposición, de enfrentamiento, de una postura que se para en la vereda enfrente de la otra.  Ese fue el gen de la FLIA: una Contra Feria del Libro en el año 2001. Un grupo de escritores y editores la armaron como respuesta a la oficial que se lleva a cabo todos los años en el predio de la Rural. “Creían que la feria debía hacer más lugar a las pequeñas editoriales y no concentrarse sólo en las más grandes,  que se debía buscar la forma de que la literatura no quede ligada sólo a la explotación comercial”, explica el escritor y miembro del área de prensa de la FLIA, Xuan Pablo González.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #8, diciembre 2012.