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Era un sábado de junio cuando Andrés Zerneri, frente a una multitudinaria plaza rosarina, inauguraba el primer monumento de bronce al Che, en Argentina. La obra, en base a la fundición de miles y miles de llaves donadas, se había gestado durante más de un año y medio y había crecido como un proyecto colectivo que pretendía homenajear, en el 80 aniversario de su nacimiento, al hombre latinoamericano que luchó por un proyecto político revolucionario. Exactamente cinco años después, Mascaró lo encuentra a Zerneri abriendo la puerta de su taller del barrio porteño de Palermo. ¿Nada ha cambiado? Por debajo del buzón que da a la calle, desde el suelo, una montañita de llaves suena simpáticamente al ser pisada sin querer. La historia se repite y al mismo tiempo avanza, la convocatoria es la misma: con cada objeto de bronce que se destina para la construcción de estos monumentos se reescribe la memoria popular y se hace justicia en el espacio público.

Las mujeres, las protagonistas

Osvaldo Bayer sabía que no tenía un diálogo de sordos cuando le dijo a Zerneri que Argentina necesitaba un monumento a la mujer originaria. Rápidamente, entre ellos, la idea creció tanto que alcanzó un proyecto de diez metros de altura, que se construirá con diez toneladas de bronce extraídas de aproximadamente 200.000 llaves u otros objetos de ese metal. El sentido es hacer una obra que comunique, desde el espacio público, la identidad originaria que no sólo resiste en el interior profundo, sino que se encuentra en el patrón genético de más de la mitad de la población argentina.

“El monumento a la mujer originaria es un proyecto totalmente independiente que pretende ser una demostración de fuerza, donde no le pedimos al estado un monumento, sino que lo elegimos nosotros, lo construimos y se lo damos para que sea patrimonio de todos”, explica Zerneri, y aclara que está principalmente dirigido a los que creen que las comunidades originarias son algo muy lejano en el tiempo y en la distancia.

Hay también en este momento otro proyecto monumental que le distrae la mirada al artista, igualmente, siempre bajo el mismo concepto. Hace un tiempo el estado de Bolivia le pidió a Zerneri que trabajara en la construcción de un monumento a Juana Azurduy, el proyecto es ante todo un regalo que recibirá la Argentina en el marco de acciones de confraternidad entre ambos países.

Hablando de descolonizar

Cuando se supo de la remoción del monumento a Colón de la plaza porteña homónima, para ubicar allí el de Juana Azurduy, volvimos a encontrarnos en la prensa con el título para el navegante de “Descubridor de América”. El 12 de octubre ya no será más el día de la raza, pero, del reconocimiento a la historia originaria algunos se encuentran todavía muy lejos. ¿No saben los dueños de la verdad publicada que para descubrir algo hay que llegar primero? América poblada por miles de pueblos originarios no era un objeto pasivo al descubrimiento europeo, en ella Colón no descubrió nada, sólo fue la punta de lanza de la conquista y el saqueo. Hoy, desde su plaza porteña la figura representativa apunta aun el dedo, como una figurita de Billiken que se resiste a la narración histórica que desde otros espacios avanza más cercana a la justicia y al otro lado de la memoria.

“Poner un monumento es un símbolo, ¿Por qué sacar otro monumento no puede ser también un símbolo?”, se pregunta Zerneri, y luego agrega que las obras no sólo se apropian cuando están instaladas en el espacio público sino que las personas las sienten propias cuando toman la decisión de construirlas, de pensarlas en su concepto, en sus materiales, en su inauguración: “Esto es lo que pienso desde estos proyectos. Es romper con la tradición de los monumentos que generalmente fueron pensados desde el poder para legitimarse a sí mismos.”

En cuanto al desplazamiento de otros símbolos, en el caso del monumento a la Mujer Originaria la idea siempre estuvo en que fuera en el lugar de la figura de Julio Argentino Roca, ubicada en la céntrica Diagonal Sur. Ambos hechos -la construcción de una escultura y el corrimiento de otra- van de la mano desde el momento inicial. Desde ya se está invitando al gobierno porteño, el cual es responsable y propietario, a que piense dónde reubicarlo, dónde puede ahora encontrar mejor su sentido. “Bajo esta decisión convalidada por una gran cantidad de personas, que es no atentar contra la figura de Roca, ni olvidarnos de él, ni desaparecerlo, porque no somos ese tipo de personas, la idea es adueñarnos de ese símbolo, correrlo y llevarlo a otro lugar”, explica Zerneri mientras descarta la idea de sacarlo de la ciudad, porque legalmente eso es imposible. Bayer también lo entendió así y propuso que se lo lleve a la Ex Esma porque es el lugar dónde se revisa la memoria y se recuerda el terror.

La Ex Esma, de la reflexión a la acción

Mascaró se pone en marcha cuando Zerneri invita a conocer el galpón en la Ex Esma donde actualmente trabajan junto al equipo del M.M.O., que empezó siendo la comisión por el Monumento a la Mujer Originaria y mutó a Movimiento Memoria y Organización. Allí ambos proyectos, el requerido por el Estado boliviano y el impulsado con Osvaldo Bayer, tienen su espacio físico de realización.

Una imponente Juana Azurduy, aun de yeso y próximamente de bronce, da la bienvenida al galpón y está a la vista de los paseantes solitarios que realizan un recorrido por el espacio que hasta no hace mucho era la Escuela de Mecánica de la Armada, donde funcionó uno de los centros clandestinos de detención más importantes de la última dictadura cívico-militar, y que ahora se abre al público como Espacio de Memoria y Promoción de los Derechos Humanos.

El lugar del M.M.O. se ubica sobre lo que era uno de los talleres básicos y sobre él, Zerneri nos explica que es algo diferente a lo que sucede en el resto de las 17 hectáreas recuperadas en vistas a convertirlas en un espacio de memoria: “En todos los otros edificios los ministerios o los organismos de Derechos Humanos tienen auditorios o espacios de muestra, pero este es un lugar para trabajar y generar cosas nuevas”. A futuro se piensa además que algunos de los salones que lo componen formen una biblioteca especializada en asuntos indígenas y también se ubique allí un centro de documentación jurídica sobre causas y procesos que tengan que ver con los pueblos originarios.

Originaria en femenina

La primera y última pregunta que puede hacerse al ver estos monumentos en construcción es el por qué de la figura de la mujer. Ya conocemos la historia de Bayer y su militancia por el triunfo de la justicia con los pueblos originarios, ya sabemos de Zerneri y su reconocimiento artístico a la mujer y a la tierra, pero ¿cuál es el nuevo concepto del que tenemos que apropiarnos todos los que transitamos el espacio público y la historia?

Zerneri se esfuerza en dejar en claro ese concepto: “Una escultura es un símbolo, es un discurso y hay que pensarlo en cada centímetro y en cada acción. Hay ya una tradición de monumentos a los pueblos originarios, pero siempre son pensados desde el varón joven, desafiante, casi salvaje. Quizás sea que con ello se justifica la suerte de los pueblos indígenas a los que no se podía ‘civilizar’, cómo no los iban a esclavizar o exterminar, pensarían. Nosotros ahora estamos hablando de los pueblos originarios y su orgullo. Ante tanta generalidad en masculino en este caso lo que hacemos es una generalización en femenino: para hablar de los pueblos originarios elegimos la vida, la naturaleza, la tierra, nos representa entonces mejor la mujer.”

La ruta del bronce

A partir de octubre se pondrá en marcha un itinerario que recorrerá las ciudades más importantes de la Argentina en búsqueda de las llaves que faltan para alcanzar las diez toneladas de bronce que se usarán en el revestimiento del Monumento a la Mujer Originaria. El proyecto con esto buscará hacerse lo más federal posible. A través de Idea.me y el crow funding se financiarán los gastos de esta pequeña caravana que comunicará el proyecto en todo el país y que aportará a que Buenos Aires reciba de regalo el monumento más participativo en toda su historia.

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