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Como si el espacio público fuera una gran hoja en blanco, en distintas localidades del país grupos de personas se reúnen a pintar murales. Las paredes se visten de poesía, sin más firma que la de Acción Poética.
> Por María Petraccaro

Quizás ya viste en vivo y en directo alguna pared pintada en tu ciudad. Te detuviste, te dejó pensando, te robó una sonrisa o te trajo algún recuerdo. Otras personas, descubrieron esas paredes a través de una foto en una red social. Muchas de ellas se enamoraron del proyecto y decidieron llevarlo a la práctica. Así, básicamente, es como se organiza y multiplica Acción Poética.

Nacida en México, AP fue una idea del poeta Armando Alanis Pulido. De norte a sur, los muros vienen hablando, reproduciendo poesía al alcance de todos. Tucumán fue la primera ciudad del país donde prendió la mecha y allí se asentó la coordinación de AP Argentina. En pocos meses, la propuesta se expandió a diversas ciudades, sobre todo a través del Facebook, en donde sus imágenes son compartidas una y otra vez. Mascaró habló con integrantes de AP de algunos de estos lugares para que nos digan, básicamente, por qué y para qué.

“La poesía como parte del paisaje urbano” y “Sin poesía no hay ciudad”, son algunas de las máximas de Acción Poética. Para ser oficialmente parte de este movimiento basta con seguir unas pocas reglas básicas: es necesario formar un grupo de pintores, tener autorización de los dueños de las paredes, elegir frases de no más de ocho palabras en como mucho dos líneas, y pintarlas en letras negras de imprenta sobre fondo blanco. Con eso basta para llenar las ciudades de “mensajes optimistas, románticos, esperanzadores”, como señala Alfonsina Pérez, desde la ciudad de Neuquén.

En el caso argentino, para fundar AP en una ciudad además hay que coordinar con Fernando Ríos, de Tucumán, que fue nombrado como delegado por Alanis Pulido. Alfonsina explica que aquí agregaron una regla más: “para los primeros diez murales que se pinten, cuando se arma el grupo en cada ciudad, deben elegirse frases de AP México, como una especie de homenaje y reconocimiento a los iniciadores del proyecto”.
A partir de allí, todo vale. Poesía, prosa o canciones, que en pequeñas dosis comienzan a vestir ciudades y a despertar miradas. “Qué las grandes frases de poetas no lleven firma también tiene un propósito claro: hacer que cada uno que lea ese mensaje, pueda apropiárselo, se identifique y a la vez que multiplique e inspire una infinidad de reacciones, simpatía o no, risas, recuerdos”, sintetiza la neuquina.

“Ahí queda el muro hablando para dialogar con todos los que miren”, opina desde Laboulage, Córdoba, Larisa Nardin. En su ciudad, en poco más de un mes ya pintaron 28 murales y siguen con ganas de más.

En cuanto a la elección de las palabras, Larisa relata un proceso particular: “tenemos un listado de frases nuestras, de otros compañeros de AP, de seguidores de Facebook y desde ahí pensamos el muro y qué va a decir. También puedo afirmar que existe un instante en que el muro habla y te dice qué quiere decir”.

Un día, Marisa González se encontró con una de esas paredes poéticas. “Toparme con poesía en pleno centro de Tucumán fue una señal que me indicó que debía seguir soñando”, afirmó. Por eso, al volver a su pueblo, General Pinedo, en Chaco, decidió fundar AP en su provincia. Hoy conforman un grupo de 20 personas.

En todos los relatos, internet en general y las redes sociales en particular toman un lugar preponderante. Son miles las personas que en el país y en el mundo siguen las páginas de AP de distintas ciudades. Otras tantas las que comparten todos los días esas imágenes con simples frases que remiten a una de las actividades más humanas del ser humano. Aquí, el “compartir” facebookero se transforma y se llena de significados. “No dejamos de celebrar la cantidad de veces que comparten en face nuestros murales”, dice Alfonsina. “No por la cantidad en sí, sino por la alegría que nos genera que cada vez más gente se sienta identificada con lo que hacemos y que les sea grato compartirlo”, asegura.

“Recibir y dar desde el anonimato, eso significa AP para nosotros. No sabemos qué pasa cuando ven los muros que pintamos, pero estamos seguros que pasa ‘la magia’”, afirma Larisa.

Esa magia se repite en las respuestas de cada integrante de estos colectivos poéticos. Al referirse a las satisfacciones que le genera la actividad, desde Chaco Marisa prioriza “el placer de sentir que nuestra tarea vale la pena y que muchas personas pueden llegar a sentir lo mismo que sentí yo al leer el primer mural de AP Tucumán y quedar enamorada, una vez más, de la poesía”.

Las ciudades cambian cuando llega este movimiento. Se puede ver en los comentarios de los vecinos y vecinas, alegres, felicitando a los hacedores de cada nuevo mural. Pero también cambia para los integrantes de AP. “Uno empieza a ver la ciudad de otra forma. Recorrés las calles y ves todo a tu alrededor pensando en qué lugar puede ser apto para un mural”, asegura Alfonsina, de Neuquén.

La movida seguramente seguirá recorriendo no sólo Argentina, sino todo el continente llenando paredes, miradas y sonrisas. La cordobesa Larisa, se anima a develar la causa: “Creemos que posiblemente haya una voz en las entrañas de nuestra América que nos está dictando tanta belleza en blanco y negro”.

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