COMPARTIR

El movimiento MAfIA, a muy poco tiempo de andar, dejó tantas fotografías como huellas y representa hoy uno de los colectivos más importantes para el registro visual de los hechos sociales contemporáneos. Detrás de la agenda y construyendo la propia, el ingrediente secreto y mágico es el disparo colectivo.

> Por Romina Bilbao

El registro fotográfico puede presentarse como la prueba final de un ojo curioso. La pregunta es si la imagen estaba allí antes de encerrarla en el visor de la cámara o ha nacido en ese instante en que se la encuadra para darle con sólo un click el resultado final de la fotografía. En tiempos digitales, todos sabemos, los clicks son más precoces y más compulsivos y las imágenes sin tiempo real de pensarlas nos invaden. Por múltiples plataformas nos muestran a primera vista una vida intangible y nos acostumbran, sí nos acostumbran, a que lo que se ve es lo real y es lo inevitable. Pero detrás de todo, claro, están las concepciones de comunicación. Si el Movimiento Argentino de Fotógrafos/as Independientes Autoconvocados (MAfIA) hubiese nacido bajo el objetivo de la imparcialidad, hoy no contaríamos con imágenes tan profundas de hechos que agitaron la vida social argentina en los últimos meses. Los cacerolazos porteños, la represión en la Sala Alberdi y en el Borda, las inundaciones en la ciudad de Buenos Aires y en La Plata, son sólo algunos de los momentos que quedaron para siempre registrados bajo el recorte que es toda fotografía, pero MAfIA lo hizo desde una mirada responsable que puso más el acento en lo que había afuera de la cámara antes que en lo que iba a quedar dentro de ella.

En alta resolución

En noviembre de 2012 MAfIA tuvo su debut colectivo pero la historia comenzó un poco antes, luego de una serie de amenazas a la fotógrafa Cecilia Estalles que había publicado en su Facebook y en su blog personal imágenes del cacerolazo porteño de septiembre. “En un primer momento se trató de un apriete puntual con amenazas a datos personales de la fotógrafa que había salido a cubrir ese hecho. La idea de generar un colectivo de fotógrafos/as fue justamente para no dejar de cubrir el siguiente cacerolazo pero pensando estratégicamente en abordarlo desde un anonimato colectivo, menos identificable para amenazas y sobre todo para redoblar la apuesta y generar una mirada más amplia y variada sobre el hecho”, cuenta Luciana Leiras, una de las integrantes del movimiento, haciendo un repaso de lo que pensaron en ese primer momento ante la reacción de los sectores que se vieron perjudicados por las imágenes del cacerolazo. La amenaza del discurso único les apareció entonces como el enemigo identificable y MAfIA fue el arma de construcción colectiva que le permitió a este grupo de fotógrafos hacerle frente.

Hoy el movimiento se integra por trece fotógrafos y fotógrafas que piensan y discuten cada imagen que llevará la firma de MAfIA, en su página web se presentan diciendo “somos lo que queremos ser” y la idea de ser plurales es entonces “para mirar mejor”. El disparo de cada cámara es un acto colectivo. Hablando un poco de la organización se piensa en cómo se planifican las salidas y Luciana dice que siempre tratan de que sean varios los que se acerquen a retratar el momento: “En la suma de diversas miradas radica el valor agregado de nuestro trabajo. Al momento de cubrir una noticia, nos movemos entre la gente, para darle protagonismo en cada una de las coberturas”. Y allí radica la diferencia de MAfIA con otros fotógrafos: “Buscamos movernos de la foto común de cada medio; la idea es tratar que se vea siempre otro lado de los acontecimientos. Marcamos nuestra agenda, independientemente de lo netamente noticiable, nos acercamos a diversos eventos, en relación a nuestros intereses y a lo que queremos darle visibilidad, y muchas veces por ello encaramos trabajos a largo plazo”.

Detrás de las cámaras

Tratando de comprender un poco más sobre este trabajo colectivo, Mascaró indaga sobre las cuestiones tan particulares y subjetivas como son la conciencia y el gusto que seguramente condicionan cada fotografía y Luciana reconoce que es una tarea ardua, de constante debate, “sobre todo cuando se trabaja en conjunto de modo 100% horizontal. Todas las decisiones tienen el mismo peso y valor, por tanto todas las definiciones llevan su tiempo y esfuerzo. Pero siempre el resultado es superador. El todo es mucho más que la suma de cada una de las partes, MAfIA no se trata sólo de sumar gustos o conciencias, sino de llegar a otro gusto y conciencia grupal”.

La planificación es entonces algo que está muy presente en MAfIA, a contramano de las intenciones de lo que sucede en estos tiempos de la omnipresencia de la fotografía de los que habla la filósofa Susan Sontag: “El vasto catálogo fotográfico de la miseria y la injusticia en el mundo entero le ha dado a cada cual determinada familiaridad con lo atroz, volviendo más ordinario lo horrible, haciéndolo familiar, remoto (‘es sólo una fotografía’), inevitable.” Dice en su libro de ensayos Sobre la fotografía y luego advierte que: “En estas últimas décadas, la fotografía ‘comprometida’  ha contribuido a adormecer la conciencia tanto como a despertarla.” Seguramente el trabajo de Sontag, que incluso se escribió sin conocer el auge de la era digital en tiempos en los que las fotografías dependían aún de los rollos y negativos, hacía una advertencia de lo que hoy nos sucede constantemente. Invadidos por imágenes “sin editar” o por aquellas que “toma la gente”, los medios completan grillas y páginas con el pretendido hipócrita de ser los más reales posibles, intentando ocultar las perspectivas desde las que se apunta y aspirando a crear una insensibilidad en aumento que permita digerir mejor las injusticias y el horror. La filósofa agrega posteriormente que la misma fotografía puede ayudar a despertar la conciencia y en vía de ello parece que va MAfIA.

Hablando de sensaciones, Luciana nos cuenta que a veces los temas de agenda, incluso con la adrenalina que conlleva correr tras las noticias, los mueven a terrenos sumamente emotivos, como fue el caso concreto de la inundación en La Plata. Y luego recuerda que también fue muy fuerte estar inmerso en una represión, como en los casos del Borda o la Sala Alberdi, donde pusieron el cuerpo sin tener plena idea de lo que podía llegar a depararles estar en ese momento retratando los hechos. “Es movilizante cuando nos convocan para que retratemos tal o cual conflicto o evento. Todas esas sensaciones, además de las que podemos pensar más en frío, como puestas de luces y situaciones puntuales a retratar, se juegan medio en coctelera en cada uno de nuestros trabajos, incluso cuando la temática y el lineamiento estético se planean de antemano.”

El álbum de MAfIA

Desde el primer trabajo colectivo el movimiento tuvo repercusiones sociales importantes. Una de las integrantes logró una imagen indiscutible de la presencia del femicida Ricardo Barreda en el cacerolazo del 8 de noviembre en el que se reclamaba, entre otras cosas, por mayor seguridad. Las redes sociales reprodujeron en cuestión de segundos una fotografía que llevaba en sus genes la marca colectiva de un grupo que daría que hablar. Aunque la mayoría de los medios periodísticos utilizó la imagen, pocos dijeron en ese momento el nombre de MAfIA, pero la apuesta ya había empezado a rodar y con ella vendrían cientos de imágenes que hablaban de este “ponerle el cuerpo” a la escena social. La represión en el Hospital Borda, que contó con la cobertura de muchísimos medios, para MAfIA fue sólo una parte de la historia y por ello se acercaron nuevamente días después al lugar donde quedaron las ruinas del Taller Protegido Número 19 y lo retrataron junto a los talleristas y voluntarios que habían intentado salvarlo de la demolición.

Pero no todas son pálidas en el trabajo de MAfIA y con gran sentido del color y los buenos humores han retratado los carnavales porteños, la elección de la Reina Trans 2013 o el veraneo costero de los argentinos en la última temporada. La agenda entonces no tiene límites y por ello hablamos con Luciana de lo que vendrá para los Mafiosos: “Construimos el futuro del mismo modo que el presente, fotografiando, pensando cada tema a cubrir, debatiendo con ganas, con garra y con amor, y tratando de abandonar de a poco lo relativo a la mirada individual como un fin, sino entendiéndola como el primer paso para generar un concepto nuevo, colectivo.”

SIN COMENTARIOS

RESPONDER