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Las películas de Carlos Echeverría retratan dramas y ocultamientos, con lo personal y lo político en primer plano, y el tratamiento de lo abstracto en el cine.

Por  Emilce Boroni

La muerte del criminal de guerra nazi Erich Priebke el 11 de octubre pasado generó nuevos enfrentamientos entre sus admiradores neonazis y manifestantes que repudiaban la realización de cualquier ceremonia fúnebre. El escenario es Roma, ciudad donde Priebke cumplía su prisión domiciliaria. Unos meses antes ya se habían producido choques con motivo del cumpleaños n° 100 del ex jefe de la Gestapo y miembro de las SS. La frutilla del postre fue la circulación de un video testamento donde se lo ve a Priebke hablando con un periodista fascista italiano, en el cual vuelve a justificarse una vez más por los crímenes cometidos -la masacre de 335 civiles en Italia- alegando que cumplían órdenes. Además, se da a conocer en la prensa que Priebke quería ser enterrado en Bariloche junto a su mujer.

Entre tanto ruido entorno a la muerte del jerarca nazi, vale la pena volver a ver la esclarecedora película de Carlos Echeverría, “Pacto de Silencio”, una narración en primera persona sobre el proyecto político-cultural de la comunidad alemana de Bariloche que cobijó a Priebke y lo ubicó en cargos influyentes como el de presidente de la Asociación Cultural Germana.

Al comienzo de “Pacto de Silencio” aparece una pregunta que te sirve como disparador: ¿para qué fuiste al colegio alemán? Te lo recrimina un grupo de señoras que salen de misa e intentan impedir que filmes a Priebke. Era el año 95, poco antes de que lo extraditaran a Italia. ¿Qué significa para vos esa pregunta?

La frase encierra muchas cosas. Lo que quieren decir esas personas es que la utilidad de haber ido al colegio alemán es entender la historia como aprendieron a entenderla ellos. La gente que me lo grita es más o menos de mi generación y recibieron esa versión de la historia, o la no versión, el ocultamiento de la historia. Todo eso fue ocultado y se transmitieron valores como el antisemitismo y la discriminación a distintos pueblos y a distintos sectores sociales.

Una de las cosas que jugó a favor de esta situación durante décadas fue que no hubo una observación crítica respecto a los inmigrantes alemanes. Se les dio la bienvenida y se los tomó a todos como ciudadanos honestos. Es más, si tenían un acento del norte de Europa se les extendía una alfombra roja.

Es decir, ir al colegio alemán implicaba identificarse con referentes como Priebke. Me reclaman que yo no me haya identificado y que no vea como ellos un supuesto complot del comunismo y del judaísmo contra los referentes de la comunidad.

Cursaste la carrera de cine documental en la Escuela de Altos Estudios de Munich. ¿Cuánto influyó tu estadía en Alemania en la posterior investigación sobre el nazismo en Bariloche?

Haber vivido en Alemania influyó muchísimo en la investigación sobre el nazismo. La verdad es que no me imaginé que cuando yo llegaba a Alemania la sociedad recién empezaba a tratar el tema, pensé que era una cosa que ya habían abordado.

Por otro lado, a treinta y pico de kilómetros de Munich, donde yo vivía, está Dachau, el primer campo de concentración de los nazis. Fui a conocerlo.  Estar en el lugar donde estuvieron los prisioneros, por ejemplo en invierno,  y saber que como mínimo castigo los hacían pararse en el patio a las ocho de la mañana y permanecer así hasta las ocho de la noche, con la nieve. Estar ahí es muy movilizante.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #17 de Noviembre 2013.

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