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> Por Zeque Bracco
Desde San Pedro, el dibujante nos ayuda a completar las viñetas sueltas de la historia y el camino del humor gráfico, a través de su experiencia y reflexión hacemos un repaso por algunos puntos que ayudan a pensar a este arte como instrumento político y de creación.
Joaquín Lavado supone que la prehistoria del humor gráfico son las pinturas rupestres, que los hombres y mujeres dibujaban pavadas para reírse de nosotros, espectadores… Claro que esa idea sólo es aceptada porque salió de la pluma de quien la firma: “Quino”. Dicen los estudiosos del tema que los primeros trabajos de humor gráfico aparecieron en estas latitudes, antes incluso de existir en los diarios, a través de panfletos con dibujitos satíricos riéndose de las Invasiones Inglesas en medio del convulsionado Virreinato del Río de la Plata.

En sus orígenes, el humor gráfico era la caricatura, esa exageración teatral de los rasgos de una persona; ahí hacer humor gráfico, hacer caricatura, era hacer humor político… y el humor, ya se sabe, es cosa seria.

En todo el mundo entonces no tardaron en florecer publicaciones y dibujantes. Argentina tiene grandes revistas y grandes manos, junto al humor gráfico creció su hermana la historieta y hay hasta algunos que sostienen que el teatro nacional tiene sus orígenes en la lectura que hacían unos tipos de la mítica revista “El Mosquito”.

Le escuché decir al “Negro” Crist que a él en un tiempo lo echaban a patadas de los ámbitos académicos del arte por hacer chistes dibujados y que lo echaban también a patadas de los ámbitos del periodismo gráfico por pintar cuadros en tamaño mínimo. Se ve que eran años donde había tiempo para discutir pavadas ya que el humor gráfico no tiene nada de arte menor y basta con citar el ejemplo de Tía Vicenta, con Landrú como DT que tanta rabia le daba a la morsa de Onganía, o a la tortuga de Illia… y es que si hay algo totalmente opuesto al diario de Yrigoyen eso es el humor gráfico.

Claro está que hay de todo en este humor, entre el ultravioleta de la sutileza de la pintura social, como es la caricatura de Molina Campos, al infrarrojo de la inmediatez de sacarles la lengua a los milicos como hacía Cascioli desde la tapa de la Humo(r).

Saliendo con el impulso de estos cuadritos e historias es que se hace necesario hablar con alguien que conozca el terreno desde la propia experiencia. Así es que rodeado de papeles llenos de dibujos y otros en blanco, entrevistamos a Mache González, un caricaturista que tiene la trompada destructiva de Monzón, el caminar despreocupado de Ringo y la cintura de Nicolino… pero claro no es boxeador sino un dibujante.

Vamos desde la base ¿Quiénes son tus referentes?

Carlos Nine es una persona que admiro mucho porque es muy coherente. Me encanta eso en los artistas. Después hay un artista plástico en San Pedro que se llama Fernando García Curten. Un artista genial, de esos que no venden sus obras porque tiene la convicción de que es en vano poner a la venta un hecho artístico. Y después, claro, están Fontanarrosa y Caloi que son referentes que yo tengo volviendo a lo que es ilustración. Fontanarrosa por el poder de síntesis que tiene, Caloi quizá tiene un poco más de vuelo, tendía a hacer pensar un poco más. Supongo yo que por ser de provincia me identifico más con esa idea de que uno siempre tiene que estar preparado para la chicana, para el humor fácil.

De la camada nueva es difícil contextualizar en tanto uno está metido como parte de la sociedad, de lo nuevo. Hay tendencias de gente que uno ve y admira, pero no sabe si eso se va a convertir en algo que va a seguir funcionando o si va a morir ahí nomás. El humor gráfico va para muchos lados diferentes hoy.

Nota completa en edición impresa. Mascaró #5, septiembre 2012.

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