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El Dúo Karma es una pareja cubana que reparte su tiempo entre La Habana y Buenos Aires. Este verano lo pasarán en Argentina presentando sus espectáculos para adultos y niños, buscando trascender esa línea que aunque el tiempo y la distancia intentan subrayar una y otra vez, la música borra con un par de acordes e imágenes.

El timbre del departamento donde el Dúo Karma para en Buenos Aires no anda. El que viene a abrir es Fito Hernández, se le nota lo cubano desde el pasillo. Fue una suerte que él atendiera el teléfono cuando llamé para avisar que estaba abajo, porque no iba a saber cómo pronunciar Xóchitl, el nombre de su compañera. -Ah, se dice Sóchil, es más sencillo de lo que parece-, dice Fito una vez en el ascensor. -Le dices Sóchi y listo-.

Xóchitl Galán, se presenta una vez arriba y vuelven las dudas sobre la pronunciación de su nombre. El lugar es bien de ellos, los colores, dibujitos, figuras, una guitarra, y otro montón de pequeños instrumentos de percusión que, si se busca en la descripción de qué toca cada uno en los libritos que acompañan sus discos, se adivinan: kalimba, marimbula, udú, guajes, caxixis y otros elementos que para los Karma son parte de su sonido y que en cualquier otra casa servirían de delicados adornos.

Hay un jugo frutal con hielo, se comenta sobre el calor y las ventajas del acostumbramiento del habanero a la temperatura del noviembre porteño. Se brinda y la charla se vuelve más formal.

¿Qué hace en Argentina una pareja de músicos cubanos?

Xó: Vinimos a la Argentina por primera vez en el año 2010, siendo parte de la gira Nuestra voz para vos que organizó el Centro Pablo y que en aquel año tuvimos la posibilidad de compartir con otros artistas cubanos. En ese momento veníamos con muchas ganas de conocer y de sorprendernos. Y así fue, conocimos y terminamos muy sorprendidos y maravillados ante la diversidad cultural y regional. Son como cinco países en uno. Y apenas esos tres meses nos dejaron un montón de preguntas, un montón de cuestiones por solucionar y así fue que en 2012 tuvimos la oportunidad de volver y aprovechamos que recién habíamos terminado el disco Mundo Sonajero y escogimos Argentina como lugar para presentarlo. Desde entonces, hemos estado yendo y viniendo entre Cuba y Argentina.

A grandes rasgos se puede definir a la música del Dúo Karma como expresión de la música popular latinoamericana, con mucha herencia de trova, ritmo y sabor caribeño, pero tampoco tan sólo eso.

¿Cuánto hay en esa identificación del público que mencionan, con la idea de que la música que hacen es la misma que (con sus matices) pervive en la historia cultural de los pueblos del continente?

Xó: Lo común está en el contacto con la tierra. La tradición de nuestros pueblos viene de los antepasados y su arraigo con la tierra, eso es común en todo el continente. Nosotros vemos maravillados cómo los artistas que trabajan el folklore en Argentina, respetan profundamente esas raíces y al mismo tiempo le aportan una mirada nueva, abarcadora de otros puntos musicales y estéticos. No hay un sendero de ruptura sino de continuidad.

LA CULTURA DEL TRABAJO

Hace un par de años se aprobó en nuestro país la Ley de la Música, para brindarle un apoyo al músico. En el debate, si bien luego no quedó plasmado en el texto de ley, se habló bastante del rol del artista como un trabajador, recuperando en algún punto el concepto (no el modelo) de trabajador de la cultura que se tiene en Cuba.

En ese ir y venir entre Argentina y Cuba ¿con qué situación se encuentran ambos países en relación al rol social del artista?

Xó: Escoger ser artista es complicado en todos lados. En Cuba tuvimos la suerte de estudiar, de formarnos gracias a las posibilidades que se tienen. Hay muchos músicos, es un país con muchos artistas y hay muchas formas de llegar al circuito profesional. Así como también de tocar y presentarse por mero gusto, por amor.

Existe desde hace mucho tiempo una subvención por parte del Estado a los artistas que hacen música de concierto, a jazzistas, trovadores, músicos de cámara, etcétera, que son protegidos con un salario para que puedan componer, estudiar, desarrollarse y trabajar por la cultura de la sociedad, eso no existe en otros lugares del mundo.

Fito: El punto es que hay que trabajar mucho en que el músico no deje de crear, que esa estabilidad que tiene no lo deje cómodo y termine no aportando nada nuevo a la cultura del pueblo. En estos momentos, hay un mecanismo que está modificándose, buscando la forma, abriéndose a que un músico pueda ser contratado, porque la realidad es que hay más músicos que cantidad de lugares donde presentarse. El denominador común para el músico en Argentina, Cuba y cualquier lugar del mundo es la autogestión.

SIN FRONTERAS

¿De qué ciudad de Cuba son?

De la Habana

¿Los dos?

Fito: Sí, nacimos en el mismo edificio. Nos conocimos más bien de adolescentes, pero nos teníamos vistos de toda la vida -y casi que señala en dirección a la intersección de Tulipán y Loma, en Nuevo Vedado, donde sigue en pie el edificio y las familias de ambos-. La vida nos fue llevando, nos fue amoldando. Somos un molde de más de 17 años de pareja, nos hicimos novios de adolescentes y empezamos a armarnos los gustos a la par.

Xó: Nosotros vamos juntos, con una frontera desdibujada, eso es muy hermoso, porque compartimos algo en este camino que no todas las parejas tienen la posibilidad de hacer.

La idea de la continuidad, de las fronteras no del todo definidas sino más bien entrecruzadas, atraviesa la obra y acaso la vida de los Karma. Además de Dúo musical, en la vida son pareja, acomodan su repertorio a adultos y al público infantil, reparten su tiempo entre La Habana y Buenos Aires, y su música también expresa esa línea.

¿Cómo surgió trabajar en música para niños y niñas?

Xó: Las canciones para niños surgieron casi a la par de que comenzamos con el trabajo para adultos. Fue sin proponernos que un par de meses después de que nos formamos como dúo apareció la primera canción para niños y nos pareció un camino que teníamos ganas de explorar. Y nos llena de regocijo. El público infantil no son sólo los niños y las niñas, sino que son ellos con sus papás, con los adultos. Hay una energía especial en los espectáculos que alimenta como muy pocas otras expresiones.

Fito: En Cuba, la gente que hace música para niños, como Teresita Fernández que es nuestra María Elena Walsh, comparten la música para adultos y la infantil. Acá en Argentina está más definido, hay un mercado dirigido y digitado por grandes empresas de entretenimiento.

Xó: Que tengamos un repertorio que tiene muchos juegos y tenga un aura lúdica es una cosa, pero que tenga una búsqueda más despojada en ese sentido no recorta al público, y muchas veces los padres y madres terminan interactuando con mucho ímpetu. Para el músico ese es un momento mágico. Porque el niño tiene una mirada nueva hacia al adulto, aún hacia los padres, porque cuando logran compartir un momento, cuando ambos son parte del mismo disfrute, es un mimo para ellos. El niño descubre que el padre se conecta tanto como él y eso es único, borra cualquier distancia y barrera.

¿Cómo es sentarse a componer música infantil?

Xó: Creo que la diferencia entre sentarnos a componer para adultos o para niños tiene que ver con una atmósfera que nos dice las ganas de traducir a canción eso que estamos creando… Como dice nuestra amiga Rita del Prado, “una canción es un encargo que uno se hace a sí mismo”. No es que viene una musa y te la dicta. Sino que viene de uno, de sus vivencias, de sus sentimientos.

En Cuba hay una tradición importante del arte, la cultura orientada a los niños y niñas, los Karma citan cada vez que pueden a Teresita Fernández, han recorrido su país con Rita del Prado presentando En guarandinga por toda Cuba y también han conocido al argentino Luis María Pescetti, un referente en el continente.

Xóchitl cuenta con una sonrisa, que se le puede adivinar parecida a su sonrisa de niña, que cuando Pescetti fue por primera vez a Cuba en 1990, ella tenía 11 años.

Xó: Él fue a tocar a mi escuela. Yo me quedé… fui otra. Fue ver la música para niños desde otro lugar, era muy atrevido, muy trasgresor. Llegué a la casa y enseguida le dije: –papi, papi, Pescetti, el argentino, va a tocar en la plaza cercana a la casa, quiero ir, quiero ir-. Yo no me imaginaba ni remotamente que me iba a dedicar a la música, y mucho menos para niños. Pero la vida nos llevó a estos lugares increíbles. Lo conocimos por intermedio de Rita del Prado en Brasil y hemos tocado juntos, tenemos una amistad que atesoramos mucho. Es una admiración que no ha disminuido ni un poco en todo este tiempo.

Al escuchar a los Karma, a Luis Pescetti, a Teresita Fernández, al volver sobre María Elena Walsh surge la esperanza de que tal vez, si más niños y niñas tuvieran la chance de crecer escuchándolos, de interactuar, de jugar a la música, de aprender a compartir con sus valores, acaso nos queden mejores posibilidades como humanidad.

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