COMPARTIR

> Por Romina Bilbao
A riesgo de revelar algunos datos de la obra, pero teniendo a favor que se trata de una historia conocida a través de su versión cinematográfica, Mascaró propone un repaso por esta presentación que arrancó en la ciudad de La Plata pero que continuará de gira por el interior hasta arribar en agosto en el espacio teatral porteño.
Veinticinco años después de ser expuesta en el formato cinematográfico, la historia de Hombre mirando al sudeste vuelve a ser presentada, esta vez bajo la modalidad teatral. Reducidos los escenarios y la cantidad de actores, por cuestiones obvias que imponen las tablas, la ficción gana en consistencia y acercamiento a los protagonistas. Lo diferente, lo interesante, es el contexto en el que nos encontramos con la obra y es por ello que esta historia puede resultar tan atrayente de ver en la actualidad. El tema sigue siendo tan universal como siempre, pero el espacio en el que se asienta es tan particular por estos días que el público no puede pensar esta obra sin bajarla por lo menos un instante a lo que por estos tiempos implica la existencia aún de los espacios como los manicomios, la miseria y el abandono que habita en ellos gracias a la desidia de los responsables y la indiferencia de la mayoría de la sociedad.

La obra

Veinticinco años después de ser expuesta en el formato cinematográfico, la historia de Hombre mirando al sudeste vuelve a ser presentada, esta vez bajo la modalidad teatral. Reducidos los escenarios y la cantidad de actores, por cuestiones obvias que imponen las tablas, la ficción gana en consistencia y acercamiento a los protagonistas. Lo diferente, lo interesante, es el contexto en el que nos encontramos con la obra y es por ello que esta historia puede resultar tan atrayente de ver en la actualidad. El tema sigue siendo tan universal como siempre, pero el espacio en el que se asienta es tan particular por estos días que el público no puede pensar esta obra sin bajarla por lo menos un instante a lo que por estos tiempos implica la existencia aún de los espacios como los manicomios, la miseria y el abandono que habita en ellos gracias a la desidia de los responsables y la indiferencia de la mayoría de la sociedad.

Rantés tiene lógica, es inteligente y su discurso no tiene brechas, sólo hay un problema: cree que es un extraterrestre. Es esta la primera conclusión a la que arriba su psiquiatra. El doctor Denis es un médico acostumbrado a resignarse antes sus pacientes viéndolos sucederse en una infinita cantidad de historias tristes sin ni siquiera esforzarse en pensar y cuestionar el concepto de locura. No puede entonces romper con la rutina, se resigna a la tristeza de cada uno de los hombres del manicomio, se resigna a su propia tristeza, se resigna a todas las tristezas del mundo. Pero lo hace con soberbia, reclinándose en su sillón, según él, “por costumbre”, hasta que Rantés lo pone en evidencia y entonces debe disculparse. Rantés, el loco o el extraterrestre, es quien interpela.

Eliseo Subiela, director cinematográfico argentino y ahora teatral, es el creador de esta magnífica reflexión sobre la condición humana. La piensa desde lo universal, cree en la vigencia del cuestionamiento de su obra. Se arriesgó entonces a recrearla para que no caiga en el estatismo de ser una película del cine nacional que debe entrar a la categoría de clásicos y quedarse en el estante de las obras encumbradas que se llenan de polvo en su gloria.

Ahora, la obra teatral, nos recuerda que no está de más insistir que nos hemos vuelto locos en nuestra normalidad, que mientras dejamos de responder a los estímulos de manera racional crece el riesgo que provoca el arma humana más mortal: la estupidez. La advertencia queda en manos de Rantés, quien insiste en investigar sobre ello y recoge testimonios en los diarios que hablan de las hambrunas, la mortalidad infantil y las guerras. Y también lo ve en sus compañeros de manicomio que son abandonados en  silencio y él entonces les convida de su comida, los abriga si tienen frío y sobre todo los escucha. ¿No es acaso eso la racionalidad? Rantés dice sin embargo carecer de algo: sentimientos. No sabe sentir.

Leer nota completa en edición impresa. MASCARÓ #3

SIN COMENTARIOS

RESPONDER