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Con sus tres mil habitantes y casi la misma cantidad de visitantes conviviendo en temporada de verano, en el pintoresco pueblo cordobés se tensan y se ponen en debate cuestiones que van desde el narcotráfico y su relación con la policía, hasta la idea de la libertad individual en un mundo donde nadie puede vivir aislado del otro.

-¿De verdad estuvieron ahí? No los hacía tan hippies a ustedes.- ¡Uh! ¡La capital nacional del porro! – ¿Un descontrol no? – ¿Y qué onda la vida en comunidad?, nos preguntaron varios de los que se enteraron de nuestro paseo por San Marcos Sierra.

La verdad es que lejos del pueblo hippie que en general se muestra como rareza en programas de TV, la comunidad con la que nos encontramos es bastante más heterogénea.

El viernes de enero que llegamos nos topamos en la plaza con una marcha encabezada por una bandera que decía “Basta de drogas y alcohol” y una señora que acusaba por micrófono: “los hippies lo único que hacen es drogarse”.

Evidentemente existe un conflicto entre los “paisanos” originarios del pueblo y los “hippies” que han llegado a vivir a San Marcos hace varios años. Pero el problema parece estar en que “hay turistas que no se ubican y creen que acá se puede venir a hacer cualquier cosa”, cuenta Judith y aprovecha para vendernos una calcomanía. La noche anterior a la marcha -que tiene el tono de todas las marchas que piden mano dura y justifican represiones- hubo un operativo policial anti-narcotráfico que incluyó prácticas abusivas como desnudar a chicos y chicas dentro de un baño de un bar, requisas en casas particulares y la detención de dos ómnibus que fortuitamente llegaron en ese momento a la ciudad.

Recién al otro día supimos lo que había pasado con los allanamientos. Salvador, un artesano del lugar nos contó de una pueblada que tomó la comisaría para liberar a los que quedaron detenidos por el operativo y exigieron una audiencia con el Fiscal de jurisdicción. El fiscal redobló la apuesta y llamó a una asamblea abierta a toda la comunidad para el lunes siguiente.

La asamblea

A las 10 de la mañana, el salón de la Escuela Roque Sáenz Peña estaba repleto. Además de los 400 vecinos estaban las autoridades y una decena de policías uniformados y de civil que se repartían los trabajos de tomar notas y armar la lista de oradores.

Viviana Asrilant que vive hace varios años en San Marcos, fue de las primeras en pedir la palabra. Su intervención, que exigió explicaciones sobre el abuso policial, fue aplaudida y defendida por los presentes ubicados a la izquierda del escenario. Los del otro lado del pasillo la abuchearon y la acusaron de politizar la discusión. “Acá nadie está a favor del narcotráfico, por eso se parte de una discusión falsa, buscando dividir al pueblo. Acá todos nos conocemos, sabemos quién es quién y quién hace qué cosa. ¿Cómo hace la policía para no saber si alguien vende drogas en este pueblo?”, pregunta Viviana y nadie responde en las siguientes dos horas de asamblea.

Se suceden los oradores de uno y otro lado. Por momentos se dan comentarios que rozan la xenofobia. “Queremos turismo decente” lanza como consigna la mujer que un par de días atrás tenía el micrófono de la marcha contra las drogas. También sostiene que “hay que seguir haciendo requisas” y trata de explicar que “a la gente que no anda en nada raro” no le va a pasar nada.

En el medio hay voces un poco más conciliadoras como la de Leo Lane, que de a ratos se mete al centro de la escena y pide calma con las manos hacia abajo como Mostaza Merlo cuando Racing va ganando 1 a 0. “El problema es que no se respetan los espacios públicos, que en el ámbito privado cada cual haga lo que quiera”, dice Leo y gana que todos asientan con la cabeza.

Para el intendente Alejandro Alarcón no hay que pelearse y hay que hacer los esfuerzos para vivir en co-mu-ni-dad, así bien separada en sílabas. El cura hizo alguna alegoría a que nadie debe bañarse en el río sin ropa porque hace mal a los ojos de Dios y cerró su sermón con un “que el señor nos ayude a todos”. El comisario habló en un tono tan bajito que su discurso casi todo el tiempo estuvo tapado por el público que le pedía que hablara más fuerte. El Fiscal Mario Bertone dijo “todo se hizo conforme a la ley” y que nada de lo que supuestamente buscaban los perros y los agentes en los colectivos ni en los bares se encontró, aunque sí en las casas particulares que fueron allanadas. En esas casas, como en tantas otras de San Marcos y en tantos patios y balcones del país, había plantas de marihuana. Y como se sabe, eso es delito.

Terminó su alocución y ya no hubo preguntas ni respuestas. La policía, los de uniforme y los de civil, hicieron de barrera para que todo terminara ahí  y ya nadie siguiera preguntando. Se subieron a los patrulleros y se fueron.

En la puerta de la escuela la rosca siguió un rato más y el debate entre vecinos ya no tuvo un pasillo de por medio.

Hasta ahí llegó la cosa cuando nos fuimos. Con eso nos encontramos en San Marcos Sierra. No vimos ningún duende ni nada por el estilo. Nos llamó la atención una asamblea de gente trabajadora que se reconoce como tal y que discute en qué tipo de comunidad quiere vivir.

Además de eso el pueblo, que es el paisaje y la gente y el río, son hermosos.

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