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Los Toldos es la localidad bonaerense con la mayor descendencia Mapuche del país en relación a su cantidad de población. Tierra natal de Eva Perón, es un lugar donde se encuentran la realidad y la ficción. En esta parte de la provincia, el imaginario popular ha sido especialmente entusiasta.

La escena en blanco y negro comienza con un gaucho de espalda sacando su fusil, entrando sigilosamente a un rancho donde un hombre viejo se lava la cara. En el agua de la tinaja, el condenado ve el arma apuntando a su cabeza. Es el comienzo de “El desierto negro”, película filmada en los campos de Los Toldos en el 2006. Su director, Gaspar Scheuer, se preguntaba en aquel momento cómo filmar esa pampa desolada del siglo XIX, por entre los resquicios cada vez más minúsculos que dejan las hectáreas de soja.

Scheuer pudo hacerlo. Con imágenes increíblemente bellas de montes, lagunas, un rancho, una persecución, nos remite a un viejo tiempo en las tierras del norte bonaerense, a sus mitos, historias de fugitivos, soldados y gauchos armados con cuchillos o con fusil; venganzas y duelos.

Y es que la ciudad-pueblo de Los Toldos, al sur de Junín y al norte de 9 de Julio, sobre la ruta provincial 65, guarda en la profundidad de sus campos historias de enfrentamientos, criollos contra indígenas, o entre diferentes tribus indígenas.

Las reseñas historiográficas ubican los comienzos del poblado en la segunda mitad del siglo XIX. Se habla de “indios rebeldes” e “indios amigos”, según la relación con el poder político. El gobierno de Bartolomé Mitre (1862-1868) aprovechaba y fomentaba los enfrentamientos entre las tribus, favoreciendo a unos para exterminar a otros.

Los Toldos, Pu Lof en Mapudungun, debe su nombre a las tolderías del lonko Ignacio Coliqueo. El líder de la comunidad había nacido en la provincia de Temuco en Chile y había emigrado al frente de varias familias hacia las tierras pampeanas. En 1862 instalaron sus toldos en las cercanías de un monte conocido como “Tapera de Díaz”, muy próximo a la ubicación actual del pueblo.

Coliqueo murió pocos años después, aplastado por su caballo al perseguir a un gaucho. En torno a su figura se generó una polémica. El Cacique fue aliado de Mitre y se convirtió en Coronel del Ejército argentino. Defendió la línea de frontera de los ataques de tribus enfrentadas al proyecto político de Buenos Aires. Por esta razón, Coliqueo fue señalado como traidor, mientras que otros le reconocen sus gestiones con el gobierno para conseguir tierras para su comunidad, de unas 3 mil personas.

La fundación oficial del pueblo en 1892 vino de la mano de un bolichero tucumano, Electo Urquizo, quien hizo los contactos necesarios para la construcción de una estación de tren. Y en torno al tren nació la ciudad. Esto garantizó la permanencia de la comunidad de Coliqueo, pero a costa de un mestizaje cultural en el cual la identidad mapuche se fue disgregando.

Otro importante capítulo de la historia del pueblo, entrando en el siglo XX, está ligado a la figura de Eva Perón. Una niña que poco sonreía, discriminada en la escuela por no pertenecer a una “familia bien”. Había nacido en la Estancia “La Unión”, a unos 20 Km de Los Toldos.

Ficciones de todo tipo se encargaron de desprestigiar a Evita. Reunía todas las condiciones “indeseables”: mujer, de origen pobre, bastarda, luego actriz, y más luego primera dama y protagonista del entonces nuevo movimiento político: el Peronismo. En Los Toldos era común escuchar que Eva no quería a su pueblo y que había dado órdenes de modificar su acta de nacimiento. El mito surge porque la hoja donde figuraba la verdadera fecha de nacimiento fue arrancada del libro del Registro Civil. Esto habría sido una gestión previa al casamiento con Perón para que las altas esferas del poder político y militar no supieran que la primera dama había sido hija no reconocida. Para ello, se hizo un acta en Junín con distinta fecha y con el apellido paterno.

De un tiempo a esta parte, la población toldense empezó a desempolvar historias y a hacerse preguntas. Los descendientes Mapuches están recuperando su cultura; por otro lado, desde las páginas de una revista -“La Manuela Molina”- un grupo de jóvenes tomaron la tarea de escribir relatos fundamentales de Los Toldos. También la película de Scheuer hizo lo suyo, recreando para el cine una época pasada y mítica. El gaucho del fusil y mirada intensa, se vuelve imagen poética entre los montes y cañaverales. La muerte lo acecha en algún lugar del llano.

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