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Eubalaena Australis, le dicen los científicos a la ballena de por aquí. O ballena franca del sur, como la conocemos los demás. ¡Pedazo de animalito! Tienen cerca de 15 metros de largo y pesan alrededor de 40 toneladas esos bichitos. Todos los años llegan a la costa de Madryn en esta época. Temporada de ballenas…temporada de turistas.

Hace unos pocos días y con el mar que parecía una piscina, una pareja de jóvenes remaban en un kayak. Se acercaron a un grupito de esos gigantes y se llevaron un susto. Camarita en mano, filmaron y subieron a Youtube su experiencia.

“Mirá, viene para acá, se enojó con vos”, bromea con su compañera. “Esa nos choca eh… Mirá, te viene a morder el remo. Terrible, estamos arriba de la ballena”, relata con emoción el hombre que graba lo que sucede. “Mantené el equilibrio”, pide a la mujer. Un susto replicado en cuanto medio de comunicación había.

Hubo indignación de funcionarios de turismo. Dicen que por irresponsabilidades como esas dejarán de venir al golfo esos pedazos de animales (me refiero a las ballenas, no a los funcionarios) y sin ellas tampoco los turistas. Indignación de algunas ONGs ambientalistas y lavadoras de dinero, que dicen que para poder controlar a los kayakistas (que en invierno pueden llegar a ser casi media docena), necesitan que les den mucho dinero. Y lo consiguen; vaya uno a saber de dónde.

Cuando algunos insidiosos les preguntamos si no podrá ser que la contaminación masiva y el tráfico marino sin control que produce ALUAR complique más la vida de las ballenas que esos despistados kayakistas, se quedan todos calladitos. Con su pasado y origen oscuro, ALUAR es uno de los motores del desarrollo regional. Pero eso no justifica la contaminación y la tremenda cantidad de casos de cáncer que padece Madryn, invisibilizados en una maraña de estadísticas dudosas, y grandes pautas publicitarias.

Pero volviendo al tema, es hermoso el mar en esta época. Barcos en el horizonte. Otros, se quedaron en el muelle o en la orillas, como los de la pesquera ALPESCA, que siguen rotos desde el temporal de abril pasado.

Los trabajadores “todavía aguantan y son cerca de mil”, afirma Roxana F., una lúcida y luchadora mujer con más de 20 años en ALPESCA, a quién conocí en el corte de ruta 3 de los primeros días de junio.

Un sindicalista me dice que el gobierno provincial, que había anunciado la expropiación de ALPESCA, no tiene pensado poner en marcha la producción sino a través de terceros que estén interesados en la empresa.

En fin, no hace falta ser muy astuto para imaginarse que “otro curro” está en puerta, dice Roxana F. mientras me acerca un mate. Y que si bien activa las protestas, no está conforme con la dirigencia sindical. “Los empresarios son egoístas y los dirigentes arreglan”, dice y se ilusiona: “qué bueno sería que armen una empresa estatal con trabajadores en la dirección”.

Creí que la vería en el piquete del 16 de julio, pero me dicen que otra vez estaba complicada por la neumonía. Por cierto, es una enfermedad recurrente en las trabajadoras y trabajadores, que han consumido tantas horas de su vida en las cámaras frigoríficas de la planta.

El gobernador de Chubut, Martín Buzzi, dijo hace poco que dispondrá fondos para acordar con trabajadores que quieran retirarse de la empresa. En sus palabras: “hay más de cien que accederán a la jubilación y otros que ya tienen trabajo en otras empresas”. Huele rara la “estatización” transitoria de Buzzi. Huele a más precarización laboral. Huele a otro pescado podrido.

Roberto M., trabajador en la planta desde hace 18 años no cree nada de lo que les digan desde el gobierno y piensa que las denuncias cruzadas entre ex funcionarios y actuales funcionarios son una chantada, que las internas políticas apestan. Recibe los subsidios que se atrasan y con eso sobrevive, mientras ensaya la estrategia de “agarrar cuanta changa pueda”.

Pero volviendo al principio: las ballenas no son peces, son mamíferos. Poseen una capacidad pulmonar muy grande y pueden pasar mucho tiempo sumergidas; sabemos que más temprano que tarde saldrán a respirar.

Los trabajadores también.

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