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Un pueblo que nació al pulso del tren como tantos otros en el interior argentino y que fue abandonado con la última formación que corrió por sus vías, en los inicios del desguace del ferrocarril. Un puñado de familias y una llanura inmensa guardan las historias de lo que fue otro pueblo, otro país, ahí en el Meridiano V que separa Buenos Aires de La Pampa.

Podría decirse como acostumbramos los pueblerinos que Mira Pampa es un pueblo de primera porque donde pones segunda ya lo pasaste. Y así es efectivamente, el largo del pueblo es de unos 1000 mts. y el ancho de unos 300. Son 35 sus actuales habitantes, 5 alumnos de escuela, 3 de jardín, un viejo almacén (Casa Mongiardo) que está desde el año 40, y la estación que hoy es casa de la familia Olivera. Lo que fue alguna vez lugar de llegada y partida de viajeros, trabajadores, lugar de charlas de espera y despedidas, hoy se entremezcla con la cómoda, el placard, la cama de Manuel Olivera y su esposa Mirtha Esther Mongiardo.

Mira Pampa se encuentra en el Meridiano V, a 50 km de Pellegrini Pcia. de Bs. As., a 60 de Gral. Pico La Pampa y está dentro del Partido de Rivadavia cuya ciudad está a 75 km.

Rodeado de la inmensa llanura, casi imperceptible, sin accesos importantes, atrincherada entre caminos rurales, lejos del asfalto, resiste al olvido. Es o fue punta de riel porque allí terminaba el ramal del Ferrocarril Provincial que comenzaba en la Estación Provincial de la ciudad La Plata.

Me decía Manuel Olivera, habitante de Mira Pampa: “…vinieron en el año setenta y pico y desmantelaron todo, levantaron las vías, desarmaron los galpones, había unas montañas de carbón de la máquina y se las llevaron también; hasta la campana y los bancos se llevaron…” y con eso los sueños de los 700 habitantes que alguna vez llegó a tener.

Allí quedan los cadáveres de varias construcciones donde supo haber voces, risas, historias perdidas. Perdidas no por el natural paso del tiempo, sino por una vieja costumbre Argentina de nuestros gobiernos que cuando no saben bien qué hacer levantan el teléfono y llaman allá arriba, al Norte, para que le dicten cómo seguir. Así fue que un don General Thomas Larkin con su Banco Mundial, desembarcó de la mano de la presidencia de Arturo Frondizi para decir que el tren daba pérdidas. El denominado Plan Larkin consistió en una larga serie de cancelaciones de servicios y levantamiento de vías.

Esto generó protestas de los trabajadores y una memorable huelga de 42 días en 1961. Lograron retrasar la puesta en marcha de este plan, pero aun así dejaron de correr trenes en la casi totalidad del ex Ferrocarril Provincial de Buenos Aires, ramales del ex Ferrocarril Patagónico y algunos del Ferrocarril Roca.

El 28 de octubre de 1961 se cerró el ramal entre Ángel Etcheverry y Mira Pampa, es decir, casi toda la línea troncal del Provincial y en octubre de 1974 se levantaron las vías entre Carlos Beguerie y Mira Pampa. El servicio de pasajeros entre Avellaneda y La Plata se terminó el 6 de Julio de 1977.

La suerte de Mira Pampa quedó trazada en aquella primera embestida que tuvo como correlato histórico el desembarco de una importante cantidad de empresas transnacionales automotrices. De más está decir que los trenes eran competencia para los autos y los camiones.

La lógica del Plan Larkin se reimpulsó con la Dictadura cívico militar de 1976 y tuvo su golpe de gracia con la privatización menemista en 1991 y el famoso “ramal que para, ramal que cierra” de Domingo Cavallo.

Lamentablemente algo hermana a este pueblo y sus habitantes con otras tantas historias de los casi mil pueblos y ciudades que a lo largo de nuestro país han sido mutilados e incluso desaparecido a la par del ferrocarril.

Mira Pampa festejó sus 100 años en mayo del 2014, en el aniversario que guarda la fecha de la llegada del primer tren al pueblo. El mismo tren que le dio vida y que lo hirió fatalmente con su ausencia.

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